JORGE MOLINA SANHUEZA

"Cuando la prensa es libre, ello puede ser bueno o malo; pero, evidentemente, sin libertad, la prensa sólo puede ser mala". Albert Camus.

jueves, junio 30, 2005

Cierta noche...

Dormí hace algunos días con la libertad. Tenía largas piernas, rubios cabellos y una sonrisa como la caña del azúcar. Miraba sus ojos y estaban llenos de una energía prudente y mineral, llena de astrolabios hacia mares desconocidos, a galaxias presuntuosas.

Durmió en mi cama. Soñó con las estrellas y miré su firmamento. Caimos en una estrella larga y eclipsada de cuasi marsupias que fue imposible no pensar en el mañana. Quise huir de aquel impacto impropio, pero me quedé, arriesgue mi adn y el gen de la bobería.

No puedo mencionar su nombre, pero no me rompe el corazón, no me hace daño, más bien me pone feliz, insensato, libre y soñador. Feliz, diría el diccionario.

Olvido así el infierno, los cronopios que caminaban sobre el metalenguaje y el vigilar y castigar que rondaba por allí en el período cuaternario de la moral cristiana de colegio de monja.

Aquí puedo ser, es mi conciencia, un lugar donde nadie entra, donde la libertad no tiene costo, ni pago ni castigo y negociaciones insólitas con el demonio ni con dios, porque ambos son creaciones que vienen preconcebidas desde el escritorio de algún burócrata del destino. Allí, yo nunca más entraré.