JORGE MOLINA SANHUEZA

"Cuando la prensa es libre, ello puede ser bueno o malo; pero, evidentemente, sin libertad, la prensa sólo puede ser mala". Albert Camus.

domingo, julio 31, 2005

Operación Barswinger. Capítulo II

Barrio Brasil, dos de la madrugada. Leopold y Justine ya están en el auto. Con una cámara comienzan a fotografiar a quienes entran y quienes salen de aquella puerta que parece una casa más entre las otras. No se hablan. Sólo observan como las imágenes aparecen en la pantalla de su notebook, una vez captadas.

La incertidumbre continúa en ambos. A veces las fotografías pueden servir para generar una idea general de un lugar, pero no pueden comprar el sustrato. El Punctum, diría Roland Barthes. Deben entrar.

Se miran. No hablan. Saben que el próximo paso puede significar su muerte. O, en el peor de los casos, que el enemigo conservador también esté tras esa puerta con su disfraz de noche y los descubra.

Leopold, que ha insistido en llevar adelante la Operación Barswinger, es el primero en abrir la puerta automática del automóvil.

Lo que Justine no sabe es que en el perímetro hay un “observador”, a quien sólo conoce Leopold, como buen agente de control. Los estará vigilando por si hay algún problema.

Justine, más decidida que él, abre con total naturalidad la puerta. Esconde bien la adrenalina que le provoca la sola idea. Leopold tiene miedo. Finalmente es humano, aunque en un lento movimiento de manos se arregla el anillo de su mano izquierda y arregla sus lentes y pelo, seña necesaria para el observador. Operación Barswinger ha comenzado.

Caminan a paso decidido hacia la puerta de aquella casa en el barrio Brasil. Leopold arregla su arma que lleva en la cadera derecha. Han debido hacer contacto a través de un celular de una página web -http://www.barswinger.cl/ – donde debieron entregar identidades falsas antes de llegar al lugar. Los dueños son confiados y creen de buena fe que la pareja de espías son clientes en busca de placer.

Han ensayado una historia ficticia de cómo se conocieron cuando les toque compartir con otra pareja una mesa en esa faceta de conocimiento mutuo. El es dueño de varias propiedades que le fueron heredadas por la familia. Ella en cambio, debido a su cuerpo armónico, hacía hasta hace poco tiempo un curso de danza en Buenos Aires. Allí se conocieron en el café Tortoni. Ideal si alguien quiere hacer preguntas innecesarias.

La excitación de ambos ha crecido en el tramo hacia la puerta. Casi les cuesta resistir el latir de sus corazones. La idea del cambio les alimenta esa verdad-mentira de todo espía. Otro cuerpo. Otro sexo. Después volver. Leopold toca el timbre y ambos esperan....

Continuará...

martes, julio 26, 2005

Operacion Barswinger (primera parte)



El centro de Santiago se convertirá en un aeropuerto para espías. Habrá un lugar donde podrán encontrarse. El santo y seña es un inciso del Código Penal de la era de Julio César.
Botas negras, porta ligas, algo de pintura en los ojos, furiosos labios, muy de puta, sumando un escote prodigioso.

Camina por la calle. Muy tarde. No mira hacia atrás. Al menos así se lo enseñaron en la escuela de espionaje. Lleva una pistola Lahti 9 milímetros en su cartera. Fue un regalo de un amigo de Europa del Este. Es Justine. Y está en la capital.

Son las 3 de la madrugada cuando debe encontrarse -en un punto- con su agente de control. Justine apura el paso. Hace frío. Este último julio ha sido peor que los anteriores. Pero nada, el glamour y el garbo antes que todo. Llega a la esquina requerida. Abre su cartera saca su pager y envía un aviso. Lo usa porque son difíciles de interceptar.

El mensaje recorre el aire y se desplaza 75 metros hacia un automóvil, donde vibra el otro pager ubicado en el asiento del copiloto. Leopold, hace un cambio de luces. Justine hace contacto. Camina, mientras la puerta se abre automáticamente. Ya está sentada. Parten a su nuevo lugar. En él hay sólo una lámpara de pie negra, muy estilo Bauhaus y un cuadro con una escena de la Edad Media, una cama, un notebook.

Leopold y Justine preparan su misión posible, como dijéramos en un capítulo anterior. Ya tienen ubicado el lugar, han buscado información sobre los dueños, que sucede al interior. ¿Nombre de la operación? Barswinger.

Continuará...

domingo, julio 24, 2005

Ally revisited












Ally abandonó al texto. Imagino que debió haber sido una elección difícil. Su cambio fue a la palabra, aunque a distancia de teléfono celular. Fue piadosa, lo reconozco.

Habló esta vez, supongo, sin su abrigo rosado, por el que ha sido tan criticada por lenguas viperinas, cuyos objetivos pueden ser los celos, dice mi siquiatra.

Ally, creo, cambió su tono de voz. Se manifestó tierna al otro lado del fono, sin esa personalidad desbordante que le conocí aquel sábado de julio. Estuvo más cercana. ¡Ah!, detalle. Tiene sobrinos. Es tía. Son pequeños, me contaron. Ella los disfruta. Vienen de fuera.

Hablamos 14 minutos y 35 segundos y pensé si tendría puestos esos jeans ajustados que le ví en la fiesta.

Ally es cuidadosa. Se muestra de a trozos milimétricos. Es lógico. Quién le contaría su vida a un sicópata como yo. Su actitud es como la del niño que sabe que la estufa puede quemarle los dedos, entonces se arma de valor, corre y cuando va a tocar el fuego, retrocede.

Como abogada, señalan fuentes cercanas a Ally, labora en el centro y habla con voz de pelo largo, aunque se disgrega en apegos emocionales, tan típicos de ella.

Creo que sólo cabe esperar a que suceda el próximo capítulo de esta serie de “FOS” (sic). ¿Será nuevamente por teléfono? ¿Será sobre un tranvía? ¿Arriba de un edificio tibio con calefacción central o en un jet de madera imaginado por Leonardo Da Vinci?

Espero que el redactor del guión tenga un poco de paciencia y genere buenas locaciones. Podría ser en un café como el Havanna de Huérfanos o en alguno de los ligurias o bien en mi “lo” (sic), donde como pavo real podría mostrar mi plumaje lleno de colores y ambigüedades.

Lo que está claro es que Ally valora los gestos. Qué duda cabe si al enviar mensajes de texto revela, ade+, parte de sí. “Si quieres salir de la duda... inténtalo nuevamente”, dijo en formato digital. Pareció una orden de comando informático. Así es Ally. Una mezcla precisión, independencia, mezclada con ese otro yo que desconozco. Y claro, lo intentaré nuevamente.

sábado, julio 23, 2005

Secret Intelligence Service, Leopold, Justine y todo lo demás...


Leopold y Justine son agentes secretos. Tan secretos que ni siquiera saben quiénes son, salvo en la oscuridad o en la luz instrínseca de sus deseos.

Leopold y Justine fijan puntos para contrachequear que andan sin cola para encontrarse en algún sitio muerto de la ciudad infrarroja.

Leopold y Justine vibran con el juego de las caretas y las mentiras para el resto, fingiendo privacidades públicas e infantilismos de almuerzo popular.

Leopold y Justine trabajan ahora en una misión posible, llamada Barswinger, nombre en clave de uno de sus encuentros mas secretos y húmedos, qué duda cabe.

Leopold y Justine cacarean cuando hay que bramar, gimen cuando hay que reir, lloran cuando hay que huir y vomitan cuando hay que detenerse.

Leopold y Justine se infiltran en las magulladuras de la historia, firmando memorandos y huyendo de los “S” que intentan develar la operación.

Justine busca en Leopold el secreto de la férrea verdad misógina. Leopold, en cambio, satisfacer sus deseos ocultos, compartiendo el lecho de los afectos y las cucharas de té, fetiche por esencia de los animales.

Por eso cuando se encuentran y se miran a los ojos, todas las antenas de las agencias y los servicios de inteligencia se posan sobre ellos. Saben que en ese bajo tono, en ese mascullar al oído se esconde la solución a los eventos de la criptografía y la revelación de un secreto que ni siquiera ellos saben que poseen.

Leopold y Justine son ambiguos y delirantes. Caminan por Santiago a horas insólitas de la madrugada, corriendo peligro de ser descubiertos por el enemigo conservador, más nadie los ha atrapado hasta ahora, pues son los “residentes” de un mundo intangible llamado espionaje de gestos, correos e inciertos fervores subliminales.

¿Y la clave? Sólo la conoce el tiempo y no está dispuesta a entregarla.

¿Y quién es el tiempo? Pues el jefe de esta red, cuyo nombre y rostro nunca ha sido visto ni su voz escuchada. El sí que es un verdadero espía. Nos observa con detención a todos y cada uno y sólo avisa su llegada con segundos de anticipación cuando decide retirarse del juego. Pero a esas alturas, ya nada podemos hacer. Hemos sido ahorcados por su decisión y enjuiciados por la muerte

jueves, julio 21, 2005

La circunvalación de la despedida


Mi última acompañante de cama escapó por el ojo de la cerradura en su avión de ruedas, mientras mi presencia le recordaba un viejo código de la ornitosociología.

Magullé su chasis, me quemé en su hoguera de mujer premadura y postadolescente; bebió mis imágenes y acepté su reto de antaño y mi frescura de añil; bebí de su copa de madre y de sus hojas transmigratorias y mientras me percataba de aquello el viento se llevó mi ser más allá de la cordillera.

Volví en mí para retomar la realidad y admitir que nuestros sueños fueron los maceteros de la transición, el eco del boinazo y la mácula de la detención de Pinochet en Londres y la fuga de la Cárcel de Alta Seguridad, protagonizada por el FPMR, como si se tratara de un neblí preposmoderno.

Por eso estas palabras tienen un dejo pena, como una guedeja llena de memoria y nostalgia ya asumida por el paso del tiempo y la historia política.

El reflejo del sol me golpeó el rostro cuando desperté en la circunvalación de la despedida, Santiago Bueras con Inés de Suárez, clínica histórica para un hecho simbólico: el beso.

Se fue buscando sus pasos de tres dedos y una tobillera de 35 milímetros de ansiedad, apresurada por el atraso de sus tiernas plumas, su abrigo invernal, sus guantes de polar y una sonrisa que olía a trabajo.

Hacia el oriente, en cambio, iban mis destinos de caballos de letras y vínculos desesperados por la verdad y el aplomo de la prensa. Un libro a medio terminar, un taxi que no avanzaba y la sensación de que ese toma y daca bacteriano llamado ósculo, se había convertido una vez más en el tan conocido tráfico de almas[1].

[1] Esta última expresión se la copié al columnista de La Nación, Marcelo Maturana, de uno de sus escritos: “La Lengua del Alma”.

martes, julio 19, 2005

CON LA CARA LLENA DE RISA....

Voy a encontrar más hojas vacías en esta vuelta a las clases la de vida que tomo cada día cuando abro los ojos.

Seré desde ahora un discplinado hombre de aceites de oliva y una hora de ejercicio mañanero (no incluyamos el sexo, por favor) para que las cuatro virtudes clásicas vayan por allí desesperanzadas porque no pueden definir su destino en las baldosas de Compañía con Morandé.

Seré un conductor de a pie, de a ruedas, de visitas flash, de amantes por doquier, de infinitos placeres culinarios y de largas siestas los fines de semana.

El resto, quizás cosas menos importantes, como el trabajo, se los contaré este jueves, una vez que esté nuevamente acostumbrado a ganarme la vida, minuto a minuto, segundo a segundo, letra a letra.

Han sido 15 días de una licencia necesaria entre tanto stress. De conocer lo que implica tener un poco de tiempo para sentirse un poquito humano de vez en cuando y saber que el paso de las horas no importa para puto “cierre”.

Soy periodista y disfruto con ello, que duda cabe. Sólo que por primera vez, y esto es la más grande las verdades, no me importó, o más bien me importó un carajo.

Viva la vuelta a la pega, que más queda por hacer o, como dice mi abuela, “con la cara llena de risa”. Na’ que hacer.

Comentarios en el blog... o bien a jorge.molina@terra.cl

lunes, julio 18, 2005

Conocí a Ally Mac Bill

Es insólito. Pensé que a estos casi 35 ya nada me soprendería, hasta que me encontré a la doble de Ally Mac Bill. Y es en verdad su doble.

Quizás no física -la versión chilena es más atractiva-, pero si en personalidad; en ese riesgo que tiene que por vivir, por decir y derruir todo cuanto está a su paso con su risa desbordante. Una caña hueca, dijo un colega que estaba sentado a mi lado, en la social party de este último sábado. Su comentario no me gustó, debo admitirlo.

Todo comenzó con un dolor de estómago horrible que comenzó el jueves por la madrugada, luego de chanchear en todo sentido. Nada que hacer a veces se rompe la dieta.

Figuraba entonces durmiendo luego de plácidos placeres de Leopold y Justine, cuando de pronto un amigo hizo sonar mi fono a las 1.30 de la madrugada, pidiéndome una pastilla del día después.

Nunca he comprendido muy bien el porqué las personas dejan para momentos tan poco glamorosos peticiones urgentes. Ni tampoco el porqué este medicamento de "emergencia" no se vende en la farmacias sin receta. Pues bien, contesté y le di el nombre de alguien que podría ayudarlo.

A los pocos minutos, otra amiga, me llamó para invitarme a otra fiesta. También figuraba en cama, pero decidí levantarme. Caso cerrado: conocía a más de la mitad del evento, salvo a Ally.

Ally es abogada, según han comentado mis celestinas. Me da un poco de risa y pudor como a través de la historia las cosas siguen un curso tan tradicional, sobre todo para quien se jacta de ser un liberal a secas.

Incluso Ally llegó a molestarme, casi al punto del homicidio verbal, como si la guadaña -o cimitarra si prefieren- estuviera a punto de ponerse en ristre para descabezar o cortar su lengua ponzoñosa. "Tienes una ironía exquisita", dije firmemente, pero rió.

Ally copa espacios, tiene un ego tan grande como el mío -lo que no es poco- y similar al de cualquier argentino. Salvo por un detalle que me llamó la atención: su abrigo rosado. ¿Qué niña de tacitas y casitas de muñeca se esconde allí?

El Touché vendría unos minutos más tarde. Ally fue sorprendida por un comentario. Y calló.

No sé quien es Ally salvo mi percepción de un momento histórico. Así que bienvenida a mi círculo de fantasmas y agoreros, adivinos y hechiceros de toda orden.

Comentarios a
jorge.molina@terra.cl

lunes, julio 11, 2005

VA AL PARAISO...



Fuera de Santiago el ritmo de mi sinapsis cambia.
Busca conexiones a formatos de espacios desconocidos.
Informa cada vez que el paisaje deja de parecer ansioso en sus formas.
El dinero pierde su valor y exceso.
El sexo adopta una forma menos voraz.
La masturbación es un accesorio perenne.
Los dolores se inflan y revientan como un globo infantil, y desaparecen.
Así es Va al Paraíso.
Aquel lugar cuyas escaleras se destiñen con la lluvia y sus recovecos arquitectónicos soprenden a esos turistas de zapatos de excursión.
El mar se presenta como lo describía Machado en una roca de Tierra del Fuego.
“El mar apetecido, el mar, el mar, y no pensar en nada”, escribió.
Por eso, y a pesar de las penas que provocan sus ordenados adoquines, vuelvo a esa tierra inhóspita de sensaciones predictivas.
Aquí, el tiempo deviene como en tramas, en algoritmos indefendibles por la propia matemática que los genera y ejecuta.
Bajo por los peldaños de su anorexia epocal y económica y comprendo cuán innecesario es el lujo, el DVD, y la television y cuán importante es la inteligencia, la sensibilidad que ayuda a describir esos fenómenos. Heidegger me golpea la puerta. Hijo de puta él.
Por eso te escucho en el inconsciente; como si hablaras a mi lado, al lado de este Chardonnay que acompaña una entrada de pulpo que prepara el restaurant de mi amiga socióloga que gusta vivir y busca vivir en un registro envidiablemente más humano y mira al perro de su vecino como si en realidad pudiera escucharla.
Va al Paraíso. Va al puerto. Valpuerto. Valmar. Valcielo. Valvinomarisco. Valarquitectura. Valmalditasea que vivo en una ciudad donde estos aspectos ya se perdieron. Soy posmoderno, digital, periodista, ansioso, ravotrílico, bipolar.
Ya estoy de vuelta. Soy nuevamente lo que me mueve: un santiaguino.
Y no con menos razón se burlan de mi los vecinos de los 118 kilóemtros de distancia.
Joder. Volví a la nueva extramadura.

viernes, julio 08, 2005

IN MEMORIAN


No puedo dejar de pensar qué dice la cara de este adolescente inglés. Su vista se estampa en un punto infinito e inubicable dentro de su conciencia, y pienso en qué será de sus próximos días.

¿Habrá perdido a su madre? ¿Pasaba por la calle y sólo piensa en la maldad y el dolor y en que pueden venir más atentados en Londres?

Recuerdo cuando leí el maravilloso libro de Roland Barthes, la Cámara Lúcida, donde el autor divide en dos categorías la foto, pero a partir de la percepción de quien la observa. El Punctum y el Studium. La última es la fotografía de prensa, la anterior, de carácter más artístico. El Studium es el congelamiento de un momento cualquiera, el robo del alma sin que el otro lo perciba. El Punctum, en cambio, es aquel detalle principal por donde ingresamos a la fotografía y que es de carácter subjetivo, pero intencionalmente planeado.

Obsérvese entonces la comisura de su labio izquierdo que está ligeramene inclinada hacia el derecho, donde a su vez tiene apoyadas sus manos. Allí se concentra su desespreanza.

Sus piernas están completamente flectadas sobre el peso de su cuerpo, el que se a su vez se apoya en la pared. Todo su ser dejado caer al apoyo de un muro que representa la cultura que lo integra, lo desintegra y lo conforma. Es un ser que está en medio de la nada, pese a que una policía conversa con un transeúnte cualquiera en la otra sección del foco. Ellos no son importantes en el momento fotográfico, ni tampoco para que el que vive este muchacho.

Esta foto la extraje de un sitio inglés y me pareció que revelaba esa parte que odio de los atentados, que no es la sangre, que no son los gritos más primarios, la policía.

No quiero entrar a justificar un acto como este, pero tampoco es posible sostener cómo la guerra cambia la percepción y la lógica de la humanidad. Aquí no hay inocentes políticamente hablando. Y eso es lo peor. Quizá lo más doloroso.

El colo negro, además, le otorga, esa dosis de ciudad trastocada por un hecho que bien podría ser la guerra, una bomba nuclear, o alguna de esas patrañas que el sistema de dominación llamado industria del cine nos ha vendido por años y se ha quedado en nuestras neuronas.

El joven de la foto se convierte así en uno de esos relatos perdidos que los diarios no considerarán, la televisión no entrevistará y ninguna revista de seguro se tomará el tiempo de preguntar su nombre. Son esas historias anónimas y privadas que se instalan como un recuerdo sólo cuando se escribe de ellas para borrarse al día siguiente, por que debemos seguir, -de seguro dirá el gobierno inglés, luchando contra el terrorismo- y manteniendo este toma y daca de violencia que flagela los cuerpos, las almas y las miradas de una juventud que, esperemos, haga del mañana algo menos violento, menos brutal.

jueves, julio 07, 2005

NUEVO... NUNEVO...


NO SE PIERDA MI NUEVA PAGINA

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miércoles, julio 06, 2005

PARA NUNCA DORMIR CON UN FANTASMA...

Ayer me levanté y en mi cama había un fantasma parlante. Tenía pies y manos como los de una mujer, pero era un fantasma. Y no estaba soñando.

Salté de mi cama en dirección a la ducha tratando de escapar de sus efluvios místicos y misterios sin resolver.

Tomé la llave y al abrila en vez de agua salieron palabras, discursos, amores perdidos, más el fantasma. Se había vaporizado a través de las cañerías queriendo juguetear, más no encontró en mi respuesta.

Decidí entonces bañarme con agua helada, con el dolor de mi corazón, debo decirlo.

Hacía años que no sentía esa sensación de Servicio Militar Obligatorio sobre mis huesos y rápidamente jaboné mis partes pudendas, como las denominaba sabiamente mi abuela y salí raudo en busca de una toalla.

El fantasma miraba no sin cierta sorpresa esa carrera irrefrenable por salir de aquel lugar, como si se tratara de un miembro de la familia que recibe y se burla del fantasma de Canterville. Aunque es versión posmoderna, claro.

Fantasma intentaba detener mi obsesión secadora. Un poco de espalda, menudencias, piernas, brazos, desodorante, crema para la vejez, ropa interior, pantalones, camisa, chaqueta y adios. Había escapado. Fantasma quedaba pensante, pero no detuvo su prédica y atravesó las paredes como lo hacen los esperpentos y me siguió hasta un café cercano, donde me confesó que no tenía la valentía de olvidar.

Le respondí que el universo paralelo de los espíritus tiene otras leyes, otras normas, otras reglas. Aquí no hay Constitución Política, ni tripartición de poderes, es un mundo donde reina el caos de la palabra y la anarquía de las emociones y que en mi calidad de ius racionalista no podía menos que objetar su presencia inasible, su naufragio mundial, como un barco carbonero que jamás zarparía, una barca que al morir, nunca logra partir.

La cafetería del infierno tiene grandes cosas, entre ellas su música. Y sonaba: “Yo te recuerdo cañiño, mucho fuiste para mi, siempre te regalé mi encanto, siempre te llevé mi día. Hoy tu nombre de me olvía, se me olvió que te olvié, se me olvió que te dejé, que ya no estás, que ya ni me recordarás y me volvió a sangrar la herida...”, falseaba la voz Bebo Valdés.

Fantasma, que nunca ha comprendido mucho el metalenguaje del discurso, como tampoco los contextos políticos de las situaciones, tomó su cartera de fantasma y evaporándose como siempre lo hace, esta vez se retiró con un desprecio y desapareció entre el smog de las micros, los autos y las intrigas pendientes de la ciudad.

Bye bye, ghost, musité. El homicidio había terminado, aunque los fantasmas tienen la maldita características de ser eternos, así que no me cabe duda de que en cualquier momento volverá, recargado de nuevas almas imprevistas que caminan sin mirar que un fantasma puede seguirlos.
Por eso niños, no se metan nunca con un fantasma, son demasiado peligrosos y suelen a uno robarle un trozo del alma de cuando en vez. Así viven, así son. Nada que hacer.

ULTIMA ENTREGA DE FOTOS DE MI INAUGURACION...

Lorena Kay... mujer hermosa...


La tapada es la Malú, porque se encontró fea, junto a la Isa Cancino y la chica loca...

Berni es su faceta autoral

No sé que tenía el Mauro en su cabeza, pero como esto no es un montaje ya se lo podrán imaginar...


Y este es Jorge Maulén, el autor de las fotos en una pose, mmm, como les digo.



SEGUNDA ENTREGA DE FOTOS... INAUGURACION...MAÑANA JUEVES LA ENTREGA DEFINITIVA....

Molina y carola con ojitos chinos...





Mis grandes e histórico jurídicos amigos, Cristián Arias y Luppy Aguirre.


AstroErika... en su faceta...minars...


A la izquierda, mi ex María Cristina Silva... y un amigo...


Mi hermano, Cristián Rodríguez....

lunes, julio 04, 2005

LA HISTORICA INAUGURACION

LA BIENVENIDA
Sábado-domingo, 2, 3 de julio...
Mañana 5 de julio, en la noche, el resto de las fotos.
Para que nadie se sienta...





El sonriente Barahona y Coty Coty...



El Huaso, Carmencha, NN y el Nacho...


La Carolars

Dalia, colega de La Nación y Carolars, que se repite el plators...


El Huaso, en su faceta autoral...


LOS INVITADOS

Ermy a rallas y un trozo del mauro...


La Fran, mi desconocida vecina...


A la derecha, tratando de beber, Jorge Lay y sus amigos...

Esta vez, al revés. El Mauro y un trozo de Ermy.



viernes, julio 01, 2005

El viernes o el concepto libidinal

El viernes es en esencia un día extraño. Es el inicio de algo que algunos llaman fin de semana, como también el fin, para algunos, de la jornada laboral. Para mí es más bien la entrada al túnel de los pecados y las maravillas de la libertad libidinal.

“El fin de semana es un conjunto sistemático de pasiones y derivas que comienzan desde la mitad de un día de trabajo, hasta casi el fin de uno que sirve para el descanso y preparar el que viene, pero trabajado”.

La definición pertenece un destacado sociólogo que no viene al caso mencionar, pero que sirve para definir cómo nos vamos relacionando con el descanso, los pecados y las vibraciones que nos provocan las hormonas y las soluciones sencillas de la carne.

El otro día me encontré con una ex pareja quien me relataba sus problemas sexuales con un “amigo” que tiene dos días a la semana para satisfacer sus deseos menos oscuros. A sus 33 años, mi ex es una mujer llena de cosas: hijos, trabajo estresante y mala vida sexual.

Le manifestaba por qué entonces continuaba con un problema de ese tipo y ella me respondió que, aunque sonara a todo lo que odié de ella cuando nos separamos hace algunos años, me dijo que era por amor. Pura y simple palabra que está completamente separada del sexo en mi conciencia tridimensional.

Comprendí entonces que la conversación no tenía sentido. Ella había entrado en el ámbito de las emociones puras y simples, aquellas que no es posible invalidar con los argumentos racionales. Nada podía hacer. Ella seguía con su “problema”, yo con los caminos que aún me faltan por recorrer.

Sonó, por suerte mi celular. Era una fuente. Me pidió que nos tomáramos un café a la medianoche, aunque yo preferí cerveza. Me perdí en la interesante trama que me contó y que explica por qué ahora tengo mi mente ocupada no en el amor, sino en la conspiración que viene.

Dije adiós a mi ex, no sin cierta pena. Nunca tuvimos problemas con el sexo, pero si con el amor. Quizás, pensé, es como dar vuelta la cajita y ver que en el otro extremo plano y rugoso, hay un espejo que siempre nos muestra mucho más a nosotros mismos que lo que estamos buscando.

Caminé entonces por largas y frías calles de madrugada que están cerca de mi loft en Bellavista, cuando de pronto alguien se me acercó a preguntarme algo que no capté. Era mi fuente, con su cara llena ansiedad por contarme aquella información en la que ahora trabajo. En fin, nada nuevo.