JORGE MOLINA SANHUEZA

"Cuando la prensa es libre, ello puede ser bueno o malo; pero, evidentemente, sin libertad, la prensa sólo puede ser mala". Albert Camus.

viernes, julio 01, 2005

El viernes o el concepto libidinal

El viernes es en esencia un día extraño. Es el inicio de algo que algunos llaman fin de semana, como también el fin, para algunos, de la jornada laboral. Para mí es más bien la entrada al túnel de los pecados y las maravillas de la libertad libidinal.

“El fin de semana es un conjunto sistemático de pasiones y derivas que comienzan desde la mitad de un día de trabajo, hasta casi el fin de uno que sirve para el descanso y preparar el que viene, pero trabajado”.

La definición pertenece un destacado sociólogo que no viene al caso mencionar, pero que sirve para definir cómo nos vamos relacionando con el descanso, los pecados y las vibraciones que nos provocan las hormonas y las soluciones sencillas de la carne.

El otro día me encontré con una ex pareja quien me relataba sus problemas sexuales con un “amigo” que tiene dos días a la semana para satisfacer sus deseos menos oscuros. A sus 33 años, mi ex es una mujer llena de cosas: hijos, trabajo estresante y mala vida sexual.

Le manifestaba por qué entonces continuaba con un problema de ese tipo y ella me respondió que, aunque sonara a todo lo que odié de ella cuando nos separamos hace algunos años, me dijo que era por amor. Pura y simple palabra que está completamente separada del sexo en mi conciencia tridimensional.

Comprendí entonces que la conversación no tenía sentido. Ella había entrado en el ámbito de las emociones puras y simples, aquellas que no es posible invalidar con los argumentos racionales. Nada podía hacer. Ella seguía con su “problema”, yo con los caminos que aún me faltan por recorrer.

Sonó, por suerte mi celular. Era una fuente. Me pidió que nos tomáramos un café a la medianoche, aunque yo preferí cerveza. Me perdí en la interesante trama que me contó y que explica por qué ahora tengo mi mente ocupada no en el amor, sino en la conspiración que viene.

Dije adiós a mi ex, no sin cierta pena. Nunca tuvimos problemas con el sexo, pero si con el amor. Quizás, pensé, es como dar vuelta la cajita y ver que en el otro extremo plano y rugoso, hay un espejo que siempre nos muestra mucho más a nosotros mismos que lo que estamos buscando.

Caminé entonces por largas y frías calles de madrugada que están cerca de mi loft en Bellavista, cuando de pronto alguien se me acercó a preguntarme algo que no capté. Era mi fuente, con su cara llena ansiedad por contarme aquella información en la que ahora trabajo. En fin, nada nuevo.