JORGE MOLINA SANHUEZA

"Cuando la prensa es libre, ello puede ser bueno o malo; pero, evidentemente, sin libertad, la prensa sólo puede ser mala". Albert Camus.

viernes, julio 08, 2005

IN MEMORIAN


No puedo dejar de pensar qué dice la cara de este adolescente inglés. Su vista se estampa en un punto infinito e inubicable dentro de su conciencia, y pienso en qué será de sus próximos días.

¿Habrá perdido a su madre? ¿Pasaba por la calle y sólo piensa en la maldad y el dolor y en que pueden venir más atentados en Londres?

Recuerdo cuando leí el maravilloso libro de Roland Barthes, la Cámara Lúcida, donde el autor divide en dos categorías la foto, pero a partir de la percepción de quien la observa. El Punctum y el Studium. La última es la fotografía de prensa, la anterior, de carácter más artístico. El Studium es el congelamiento de un momento cualquiera, el robo del alma sin que el otro lo perciba. El Punctum, en cambio, es aquel detalle principal por donde ingresamos a la fotografía y que es de carácter subjetivo, pero intencionalmente planeado.

Obsérvese entonces la comisura de su labio izquierdo que está ligeramene inclinada hacia el derecho, donde a su vez tiene apoyadas sus manos. Allí se concentra su desespreanza.

Sus piernas están completamente flectadas sobre el peso de su cuerpo, el que se a su vez se apoya en la pared. Todo su ser dejado caer al apoyo de un muro que representa la cultura que lo integra, lo desintegra y lo conforma. Es un ser que está en medio de la nada, pese a que una policía conversa con un transeúnte cualquiera en la otra sección del foco. Ellos no son importantes en el momento fotográfico, ni tampoco para que el que vive este muchacho.

Esta foto la extraje de un sitio inglés y me pareció que revelaba esa parte que odio de los atentados, que no es la sangre, que no son los gritos más primarios, la policía.

No quiero entrar a justificar un acto como este, pero tampoco es posible sostener cómo la guerra cambia la percepción y la lógica de la humanidad. Aquí no hay inocentes políticamente hablando. Y eso es lo peor. Quizá lo más doloroso.

El colo negro, además, le otorga, esa dosis de ciudad trastocada por un hecho que bien podría ser la guerra, una bomba nuclear, o alguna de esas patrañas que el sistema de dominación llamado industria del cine nos ha vendido por años y se ha quedado en nuestras neuronas.

El joven de la foto se convierte así en uno de esos relatos perdidos que los diarios no considerarán, la televisión no entrevistará y ninguna revista de seguro se tomará el tiempo de preguntar su nombre. Son esas historias anónimas y privadas que se instalan como un recuerdo sólo cuando se escribe de ellas para borrarse al día siguiente, por que debemos seguir, -de seguro dirá el gobierno inglés, luchando contra el terrorismo- y manteniendo este toma y daca de violencia que flagela los cuerpos, las almas y las miradas de una juventud que, esperemos, haga del mañana algo menos violento, menos brutal.

1 Comments:

At 3:15 a. m., Blogger indianguman said...

Buen homenaje y punctum.
Me gustó este artículo, adoré al muchaco más que a la foto.

 

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