JORGE MOLINA SANHUEZA

"Cuando la prensa es libre, ello puede ser bueno o malo; pero, evidentemente, sin libertad, la prensa sólo puede ser mala". Albert Camus.

miércoles, julio 06, 2005

PARA NUNCA DORMIR CON UN FANTASMA...

Ayer me levanté y en mi cama había un fantasma parlante. Tenía pies y manos como los de una mujer, pero era un fantasma. Y no estaba soñando.

Salté de mi cama en dirección a la ducha tratando de escapar de sus efluvios místicos y misterios sin resolver.

Tomé la llave y al abrila en vez de agua salieron palabras, discursos, amores perdidos, más el fantasma. Se había vaporizado a través de las cañerías queriendo juguetear, más no encontró en mi respuesta.

Decidí entonces bañarme con agua helada, con el dolor de mi corazón, debo decirlo.

Hacía años que no sentía esa sensación de Servicio Militar Obligatorio sobre mis huesos y rápidamente jaboné mis partes pudendas, como las denominaba sabiamente mi abuela y salí raudo en busca de una toalla.

El fantasma miraba no sin cierta sorpresa esa carrera irrefrenable por salir de aquel lugar, como si se tratara de un miembro de la familia que recibe y se burla del fantasma de Canterville. Aunque es versión posmoderna, claro.

Fantasma intentaba detener mi obsesión secadora. Un poco de espalda, menudencias, piernas, brazos, desodorante, crema para la vejez, ropa interior, pantalones, camisa, chaqueta y adios. Había escapado. Fantasma quedaba pensante, pero no detuvo su prédica y atravesó las paredes como lo hacen los esperpentos y me siguió hasta un café cercano, donde me confesó que no tenía la valentía de olvidar.

Le respondí que el universo paralelo de los espíritus tiene otras leyes, otras normas, otras reglas. Aquí no hay Constitución Política, ni tripartición de poderes, es un mundo donde reina el caos de la palabra y la anarquía de las emociones y que en mi calidad de ius racionalista no podía menos que objetar su presencia inasible, su naufragio mundial, como un barco carbonero que jamás zarparía, una barca que al morir, nunca logra partir.

La cafetería del infierno tiene grandes cosas, entre ellas su música. Y sonaba: “Yo te recuerdo cañiño, mucho fuiste para mi, siempre te regalé mi encanto, siempre te llevé mi día. Hoy tu nombre de me olvía, se me olvió que te olvié, se me olvió que te dejé, que ya no estás, que ya ni me recordarás y me volvió a sangrar la herida...”, falseaba la voz Bebo Valdés.

Fantasma, que nunca ha comprendido mucho el metalenguaje del discurso, como tampoco los contextos políticos de las situaciones, tomó su cartera de fantasma y evaporándose como siempre lo hace, esta vez se retiró con un desprecio y desapareció entre el smog de las micros, los autos y las intrigas pendientes de la ciudad.

Bye bye, ghost, musité. El homicidio había terminado, aunque los fantasmas tienen la maldita características de ser eternos, así que no me cabe duda de que en cualquier momento volverá, recargado de nuevas almas imprevistas que caminan sin mirar que un fantasma puede seguirlos.
Por eso niños, no se metan nunca con un fantasma, son demasiado peligrosos y suelen a uno robarle un trozo del alma de cuando en vez. Así viven, así son. Nada que hacer.

1 Comments:

At 5:20 a. m., Blogger indianguman said...

Nuevas sincronías descubriendo.

Menos mal que no estoy en Chile, porque si no salgo a perseguirte como tu corte de espectros impolutos. la senia, la senia, la senia

Eres... eres

en fin

loca la vida

 

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