JORGE MOLINA SANHUEZA

"Cuando la prensa es libre, ello puede ser bueno o malo; pero, evidentemente, sin libertad, la prensa sólo puede ser mala". Albert Camus.

sábado, julio 23, 2005

Secret Intelligence Service, Leopold, Justine y todo lo demás...


Leopold y Justine son agentes secretos. Tan secretos que ni siquiera saben quiénes son, salvo en la oscuridad o en la luz instrínseca de sus deseos.

Leopold y Justine fijan puntos para contrachequear que andan sin cola para encontrarse en algún sitio muerto de la ciudad infrarroja.

Leopold y Justine vibran con el juego de las caretas y las mentiras para el resto, fingiendo privacidades públicas e infantilismos de almuerzo popular.

Leopold y Justine trabajan ahora en una misión posible, llamada Barswinger, nombre en clave de uno de sus encuentros mas secretos y húmedos, qué duda cabe.

Leopold y Justine cacarean cuando hay que bramar, gimen cuando hay que reir, lloran cuando hay que huir y vomitan cuando hay que detenerse.

Leopold y Justine se infiltran en las magulladuras de la historia, firmando memorandos y huyendo de los “S” que intentan develar la operación.

Justine busca en Leopold el secreto de la férrea verdad misógina. Leopold, en cambio, satisfacer sus deseos ocultos, compartiendo el lecho de los afectos y las cucharas de té, fetiche por esencia de los animales.

Por eso cuando se encuentran y se miran a los ojos, todas las antenas de las agencias y los servicios de inteligencia se posan sobre ellos. Saben que en ese bajo tono, en ese mascullar al oído se esconde la solución a los eventos de la criptografía y la revelación de un secreto que ni siquiera ellos saben que poseen.

Leopold y Justine son ambiguos y delirantes. Caminan por Santiago a horas insólitas de la madrugada, corriendo peligro de ser descubiertos por el enemigo conservador, más nadie los ha atrapado hasta ahora, pues son los “residentes” de un mundo intangible llamado espionaje de gestos, correos e inciertos fervores subliminales.

¿Y la clave? Sólo la conoce el tiempo y no está dispuesta a entregarla.

¿Y quién es el tiempo? Pues el jefe de esta red, cuyo nombre y rostro nunca ha sido visto ni su voz escuchada. El sí que es un verdadero espía. Nos observa con detención a todos y cada uno y sólo avisa su llegada con segundos de anticipación cuando decide retirarse del juego. Pero a esas alturas, ya nada podemos hacer. Hemos sido ahorcados por su decisión y enjuiciados por la muerte

1 Comments:

At 5:08 p. m., Blogger Roberto said...

Bien Jorge, bien por lo bien escrito.
Da gusto.

 

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