JORGE MOLINA SANHUEZA

"Cuando la prensa es libre, ello puede ser bueno o malo; pero, evidentemente, sin libertad, la prensa sólo puede ser mala". Albert Camus.

domingo, septiembre 11, 2005

Ministro José Benquis: “La Corte Suprema no es creíble"


El segundo hombre del Poder Judicial cumple 75 años y debe retirarse. Antes de irse deja un durísimo testamento político. Dice que su paso por la Suprema le ha significado un retroceso personal y que ese tribunal se ha llenado de “cerebros clonados”. Denuncia la influencia de “personeros religiosos” en los nombramientos, que “siempre son decididos por la minoría del Senado”. O sea, por la derecha. Un misil político.



Nacion Domingo


Jorge Molina y Luis Narvaez

El ministro de la Corte Suprema José Benquis se define como un rebelde. A poco más de un mes de su retiro del Poder Judicial -el 1 de noviembre cumple los 75 años preceptivos para la jubilación- y con un saludable semblante, revisa su carrera y su experiencia en el máximo tribunal. Sus opiniones ratifican las peores percepciones ciudadanas sobre el estado de salud de la Corte Suprema.

Jugando los descuentos de su carrera, recuerda una anécdota de su infancia que retrata perfectamente el talante rebelde y solitario que identifica su carácter. En 1939, cuando las elecciones presidenciales enfrentaban al profesor radical Pedro Aguirre Cerda y al conservador Gustavo Ross en la competencia por el sillón de La Moneda, José Benquis tenía nueve años. Recuerda que le llamó tanto la atención el logotipo con que se usaba la sigla PR que se la grabó con un alfiler en el brazo. Se la tatuó. Su madre le dio un par de palmadas, pero no borró su rebeldía ni independencia moral que lo convertirían en la rara avis del máximo tribunal en tiempos tormentosos en los que el prestigio de la Corte es ampliamente cuestionado por la sociedad.

Entre risas reconoce que nunca tuvo “la más remota idea” de estudiar Derecho, pero tras egresar de la Universidad de Chile tuvo claro que su máxima aspiración era ser juez. En esa etapa adscribió al Grupo Universitario Radical, el espacio político y filosófico que lo identificó a lo largo de su vida. Esta entrevista, concedida en momentos que ocupaba la presidencia subrogante de la Corte Suprema, es un testamento político de su carrera, que cierra su paso por la judicatura con sentencias que cuestionan integralmente la independencia y pluralidad de la Suprema.

Benquis espera tranquilo estos dos meses para dar fin a 46 años de servicio. Confirma que se acogerá a la llamada “ley del caramelo”, que lo beneficiará con más de 120 millones de pesos de indemnización, igual que hizo Hernán Álvarez, quien se retiró en julio. “Es mi desahucio”, argumenta.

-Usted participó en política siendo muy joven. ¿Cómo influyó en su formación haber trabajado en ese Grupo Universitario Radical y su simpatía por las filas radicales en esos años?

-Me influyó en relación a los pensamientos utópicos que llevan estas corrientes de pensamiento, por supuesto. Yo venía de una familia de clase media baja y el Partido Radical (PR) siempre representó a la clase media. Me sentía, en ese tiempo, afín a las utopías de la socialdemocracia, no sólo en los aspectos económicos, sino también en que había que mejorar a las clases sociales más desposeídas.

-En 1997, cuando fue nombrado ministro de la Suprema, aseguró ser muy realista, y confesó que jamás había pensado llegar a ese cargo y que prefería pensar en otras utopías. ¿En cuáles?

-Yo quería ser juez, encontraba que era una manera decente de ganarse la vida. Esa era mi aspiración. Mi gran sorpresa fue cuando aparecí nombrado ministro de Corte de Apelaciones en San Miguel. Ahí pensé que mi carrera estaba colmada. Era lo máximo a lo que podía aspirar. Como dice la Violeta Parra, ser nombrado en la Suprema “fue un regalo de la vida”. En ese momento tenía ganas de concretar cosas. Pero el tiempo me ha ido podando las alas y me doy cuenta de que mi paso por la Suprema ha sido un descenso personal.

-Es un balance muy pesimista. ¿Por qué ha sido un descenso?

-Yo llegué a la Suprema con una aspiración básica. Nos encontrábamos en un momento (1997) en el que el país había recuperado la democracia. Había críticas bastante violentas y acerbas en contra de la Corte Suprema de la época. Yo pensaba que gente nueva, con otros ideales, con otra visión de las cosas, podía lograr remontar el prestigio de esta institución. Recuerdo que un colega me comentó sobre esta aspiración que yo sentía y me dijo: “Estás equivocado, eso es imposible de conseguir”. Le respondí que su punto de vista era pesimista. Y, ahora que juego los descuentos, es un hecho que no se pudo materializar. Es un déficit sicológico importante.

-¿De qué se siente frustrado?

-Ustedes lo ven a diario. La opinión pública no tiene una visión favorable o una visión de normalidad. Todo lo que se hace se tacha de sospechoso. Eso es frustrante. Sobre todo cuando uno se empeña en forma preocupada de que las cosas no sean así.

-¿A qué atribuye esta percepción negativa? ¿Al secretismo judicial?

-Ese tipo de cosas ha ocasionado muchos sinsabores en la Corte, porque hay algunos miembros del tribunal que siguen pensando que hay que mantener todo bajo una órbita de misterio, secreto. Pasan situaciones absolutamente desagradables que no tienen ninguna razón de ser en este siglo XXI. Estamos en un proceso penal distinto, en que lo fundamental es la transparencia. Pero como contrapartida nos encontramos entonces con una Corte Suprema en que todo es un misterio, donde hay un ánimo preconcebido entre los ministros de que la prensa quiere perjudicarlos, cuando podrían ser noticias favorables que conviene que la opinión pública se entere. Eso sucede porque vivimos encerrados en una cápsula espacial a la que no puede llegar nadie, sólo nosotros.

-Pero usted se ha distinguido por no representar ese secretismo.

-Es que ese secretismo favorece una postura determinada. Por ejemplo, poder tener dobles discursos. Un discurso para dentro del Pleno y otro hacia fuera. Siempre he dicho, cuando intervengo en el Pleno, que no tengo ningún inconveniente en que lo conozcan. No me molestaría que hubiera periodistas en las sesiones del Pleno, para que vieran cómo se resuelven las cosas.

-Usted, en la Suprema, es como Don Quijote en su pelea con los molinos. El último liberal.

-Ustedes nos han motejado de conservadores y liberales. Cuando se habla de conservador, yo no soy conservador. Pero este término tenemos que asociarlo al ámbito de nuestra actividad. El derecho en sí es conservador. Cuando ustedes nos definen de conservadores y progresistas y a mí me asignan en el bando progresista, yo estoy absolutamente de acuerdo con esa definición.

LA ÉTICA Y LOS VALORES

-¿Cree en Dios? ¿Cuál es su cosmovisión?

-No. Soy ateo por la gracia de Dios (risas). Hay fenómenos naturales que son difíciles de explicar, pero creo que resulta muy cómodo atribuir todo esto a un ente divino. Soy bastante apegado a lo material. Persisto a través de mis hijos, no a través de una hipotética vida etérea y celestial.

-¿Cómo se concilian las creencias personales dentro de un cuerpo colegiado como la Corte Suprema?

-No necesariamente salen a la luz pública. No se reflejan directamente en las decisiones, salvo que se trate de asuntos donde se resuelven temas valóricos. Lo vimos en la censura de la película “La última tentación de Cristo” o con el caso de la píldora del día después, donde se advierte que las decisiones están netamente influidas por aspectos más que religiosos, por las influencias de personeros religiosos.

-¿Usted vivió esas presiones? ¿Puede dar ejemplos concretos?

-Lo vi en mi tribunal, la Cuarta Sala, sobre el caso de la jueza Karen Atala (la jueza que perdió la tuición de sus hijas por su condición sexual). Allí primaron criterios ajenos a los problemas que se estaban discutiendo. El tema era una queja disciplinaria contra una Corte de Apelaciones que había dictado una resolución ¡absolutamente apegada a la ley! Y por haber cumplido esa disposición legal, esos jueces fueron sancionados. ¡Me parece absolutamente inconcebible! Y hubo manifiestamente influencias de tipo religioso.

-¿Cuáles fueron esas influencias manifiestas?

-Tenemos ministros que son receptivos a esas influencias eclesiásticas. Pienso que al asumir esa concepción de la vida, de la religiosidad, están siendo influidos por la voz del vicario de Dios en la Tierra. Yo me desmarco porque como soy un lobo estepario no tengo que obedecer ideas ni principios ni recomendaciones de nadie. Por eso quiero reiterar que mi postura es que tengo un domicilio en Santiago de Chile: vivo en Independencia esquina de Libertad.

-La Corte Suprema se ha renovado casi completamente desde la llegada de la democracia. ¿Su composición actual expresa los cambios de la sociedad?

-Con la incorporación de gente nueva pensé que se iba a terminar el conservadurismo absoluto que se heredó de la dictadura de Pinochet y que se estaba transformando esta Corte, poco a poco, en un ente pluralista.

Pero creo que se ha sufrido un retroceso importante. No vislumbro que exista alguna posibilidad de que se trate de un tribunal pluralista, donde estén representadas las corrientes que militan en la sociedad. Me cuesta hacerme la idea de que la actual Corte sea pluralista. Excepcionalmente aparecen algunas disidencias que demuestran que hay personas que no tienen cerebros clonados.

-La quina de aspirantes a la Corte es propuesta por ustedes al Presidente y hay una tendencia a los nombramientos de católicos tradicionales. Cuando se confeccionan las quinas, ¿existe una especie de guerra religiosa?

-La votación es secreta. Tampoco sé cómo se instalan esas mayorías. Podríamos pensar que están en juego diversas facciones católicas tratando de hacer primar afectos o relaciones personales, pero yo no entro en ese juego.

-La tendencia conservadora claramente se ha impuesto por mayoría.

-Lo que pasa es que como se efectúan los nombramientos de los ministros de la Suprema, estamos logrando obtener una clonación de cerebros en esta Corte. La modificación constitucional de 1997 señalaba que el Presidente elegía y el Senado confirmaba o rechazaba dependiendo si los antecedentes eran o no recomendables. Pero, desgraciadamente, la realidad demostró que no era así. Es la minoría del Senado, por el binominalismo que impera, quien decide todos los nombramientos. No tengo que decir quiénes son la minoría. Y el Presidente se siente con una carga extra porque si el Senado la rechaza, están poniendo en tela de juicio sus decisiones.

-¿Está diciendo que el Presidente tiene poco de donde elegir o no tiene margen de elección?

-El Presidente no ha tenido la libertad de hacer una propuesta y debe limitarse a una nómina elaborada por un ente que está influido por determinadas concepciones conservadoras. El Presidente se siente entonces en un zapato chino, proponiendo a una persona que de antemano se sabe que será aceptada por el Senado. Por eso, mis expectativas de que íbamos a tener una Suprema pluralista no se han podido lograr.

-¿Entonces, sus colegas eligen a los candidatos más conservadores para que sean aprobados por la minoría de la derecha?

-Lo que más me extraña es que en algunas quinas vayan sólo personas que tienen ciertas afinidades. Y que se diga que somos independientes. No se puede pensar siquiera que los jueces son asépticos políticamente. Eso es una fantasía. Eso no opera en la realidad. Sobre todo en las personas cultas, todos tienen cercanía o afinidad por algún esquema determinado que lo enmarca dentro de programas de tipo político. Que los ministros o los jueces sean asépticos políticamente sólo cabe en el terreno de las fantasías de Bilz y Pap. Todo esto en circunstancias de que hay elementos de la misma categoría o muy superiores en su desempeño que los omiten porque no son afines a esas ideas que imperan.

-¿Cómo el caso del ministro Carlos Cerda?

-No voy a dar nombres. Sólo menciono que hay personas que, a mi juicio, como también se ve reflejado en las calificaciones, no son consideradas cuando llega el momento de hacer una quina.

-¿Las quinas han estado siempre inclinadas a la derecha?

-Digamos, al ámbito conservador. Pero además hay un hándicap que juega en contra, porque no soy partidario de mantener este sistema de nombramientos. Se necesita un cambio violento, importante.

-¿Cuál es su propuesta?

-Esta Corte necesita la intromisión de savia nueva; que tenga visión de lo que sucede en la sociedad; que no pelee con la prensa ni le eche la culpa de los desatinos que cometen los jueces. Hay que hacer algo, porque el sistema de nominaciones es el causante del alejamiento y falta de reconocimiento de la labor de este tribunal.

-¿Cuántas bancadas hay en la Corte Suprema?

-No hay bancadas, porque no las necesita.

DERECHOS HUMANOS

-Pero si fuera tan conservadora y derechista, ¿no hubiera sido distinta la actitud de la Suprema en los casos de violaciones a los derechos humanos?

-Es que son cosas distintas. El tema derechos humanos ha sido meridianamente bien tratado por esta Corte. Pienso que este tema de Pinochet y las violaciones de los derechos humanos pasa porque a esta Corte se le hicieron cambios en 1997, para abrir alguna posibilidad de que estos hechos fueran sancionados. Aparecía impresentable que los tribunales no quisieran sancionar nada, porque los gobernantes de esa época se habían otorgado un perdón por las atrocidades que habían cometido. ¡Era im-pre-sen-ta-ble! De hecho, he leído por ahí que es necesario de que estos procesos terminen rápido porque le molestan mucho a los militares.

-¿Se refiere a que ahora quieren ponerle plazo a las causas?

-Pero se levantaron esos plazos. Esa fue la pelea que yo di junto al ministro José Luis Pérez. Pero también es cierto que se han nombrado ministros especiales, para que no terminen sin que el juez no haya investigado. Estos procesos tienen que terminar cuando terminen. Cuando la investigación se haya agotado. Antes no. Han pasado 15 años y no se agotará hasta que los juicios no terminen con una sentencia que resuelva el tema.

LA CORTE Y LA DICTADURA

-Durante la dictadura, ¿le pidieron que fuera informante de la DINA o la CNI?

-Era absurdo que me lo pidieran a mí. Si mis nombramientos han sido verdaderos partos de los montes. Porque mi manera de ver las cosas choca con esa ideología.

-¿Le tocó ser testigo de infiltraciones en el Poder Judicial, como sucedió en otros ámbitos, como en TVN?

-Algún conocimiento tuve, pero se trata de una persona a la que le tengo estima a su recuerdo y no quiero mancillarlo a través de una observación mía.

-¿Pero se reclutó gente para los servicios secretos de la dictadura?

-Creo que en algún caso se produjo. Había funcionarios judiciales que informaban, lo que dificultó mi nombramiento. Yo recuerdo que para mi nombramiento en la Corte de Apelaciones de San Miguel, motejada como la Corte Roja, incluso hablé con el presidente Israel Bórquez señalándole que retiraba todas mis postulaciones.

-¿Recibió presiones concretas alguna vez?

-Mire, me está sacando recuerdos que tenía bien dormidos, en relación con un proceso. Pero encontraron rechazo mío. No quiero dar nombres. Pero se trataba de un delito grave. Un desfalco de las arcas fiscales a través del cobro ilegal de devoluciones del IVA. Yo reemplazaba a un ministro en visita de la Corte de San Miguel.

-Y el afectado, ¿era un personero judicial, uniformado o abogado?

-Era alguien vinculado al Poder Judicial.

-¿Cree que se están realizado todos los juicios sobre violaciones de los derechos humanos que corresponden?

-Aquí no se ha hecho el juicio que correspondía. Porque la justicia opera con los autores materiales o inductores a hechos. Han quedado sin sanción ni reproche moral abogados, gente distinguida, que pertenecía a grupos sociales y financieros que prestaron apoyo muy decidido a Pinochet, que participaron en la elaboración de disposiciones hechas expresamente para dificultar el trabajo de los tribunales. Como por ejemplo el acta constitucional que prohibió durante el régimen militar que los tribunales conocieran el recurso de amparo.

JUICIO AL PODER SUPREMO

-Ministro, ¿quién manda en la Suprema?

-(Risas) En teoría, el Pleno.

-¿Y en la práctica?

-Ustedes ya han hecho indagaciones y se mencionan algunos nombres. No me hagan decirlos a mí.

-¿Quién será el próximo presidente?

-He hecho absoluta abstracción del tema porque me voy al 1 de noviembre.

-¿Y tiene candidato?

-No tengo nombre, sino perfil del que debiera ser. Como requisito básico, una persona que tuviera o que se empeñara en tener espléndidas relaciones con los medios, que acabe con el secretismo. Y que propugne como modo de comportamiento de este tribunal el abandono del secretismo. Porque lo único que ha acarreado es desprestigio.

-¿Y existe alguien en el Pleno con ese perfil?

-No sé. Puede que exista.

-¿Cómo percibe la evolución de la Corte desde la presidencia de Servando Jordán hasta la actual del ministro Libedinsky?

-Llegué en un período de desprestigio muy grande, donde se hizo la Reforma Procesal Penal a fin de producir un cambio, con personas que hicieran más creíble a la Corte. Ahora me amargo, porque creo que hemos vuelto a la situación anterior. La Corte Suprema no es creíble. Ha retrocedido. Elegimos, por ejemplo, a Roberto Dávila, quien tuvo un desempeño admirable. Y ahí hubo un acercamiento con los medios. Rompió el sistema que había generado Jordán. Después vino Hernán Álvarez. Él recurrió a asesores, colegas de la Corte, y aunque le aprecio como persona, le tengo una crítica: comenzó un período de influencias negativas, las que se acentuaron con Mario Garrido y se han seguido acentuando con el ministro Libedinsky. LND


Benquis propone

El ministro José Benquis es duro a la hora de evaluar a esa Corte Suprema que tan bien conoce por dentro. “Vivimos una crisis que significa que esta institución, tal como está operando, no responde a las necesidades del conjunto de la sociedad”. Comparando las constituciones de otros países, cree que la solución pasa por “traer gente joven, de 45 ó 50 años, a este tribunal, con un plazo de desempeño máximo de ocho años. Eso permitiría renovar los cuadros, cierta apertura y más cercanía con la sociedad, que ahora no existe”.

Dice que la Suprema debe abocarse exclusivamente a la función jurisdiccional y dejar en manos de otras entidades, como un Consejo de la Justicia, los aspectos sobre administración de recursos, calificaciones, nombramientos, etc.

“Esta Corte se encuentra en estado de colapso porque no da abasto para resolver todos los temas”. No concuerda con algunas ideas, como disminuir de 21 a 9 ministros la Corte: “Este es un tribunal pluripersonal, que tiene que tener una cantidad determinada de integrantes. La sociedad o el legislador estima que la mayor cantidad de personas que intervienen en una decisión permiten una mejor lectura”. Asimismo, cuestiona la forma en que la Comisión de Ética analiza los casos: “Hay una situación sombría sobre qué hechos, qué situaciones, qué denuncias son las que se hace cargo la Comisión de Ética, porque nosotros no tenemos noticias de eso. Todo lo que ellos hacen está cubierto por el secretismo máximo”.

3 Comments:

At 1:07 p. m., Blogger Marcylor said...

Molina y Narvaéz:
No sé quién decidió que se debía publicar una nota como esta en La Nación, si fue idea de Uds., del editor, etc., pero hoy am , cuando la leí, pensé también en repostearla en el blog. Me gustó leerla, me gustó saber más de Benquis. Y que bueno que la hayan escrito y que haya sido publicada.
Espero que no sea solamente a mí la única que le interese, sobre todo en estos días en que los suplementos de reportajes se parecen más a la farándula de quien es pariente de quién.
De todos los poderes del Estado, el Judicial es el que se ha distinguido por su opacidad en los muchos años de circo. Todo es pasillo, todo es conversa, e incluso, hasta la forma de tramitar - sobre todo en la Corte- se aprende de boca en boca como un secreto arcano. Los colegas Jueces olvidan que son abogados, y de pronto asumen su rol como un sacerdocio fariseo (salvo excepciones)en que sólo Dios parece estar por sobre sus humores. Tal parece que la idea de majestad de la "Justicia", se ha entendido como la majestad de personas, siendo que la verdad, es que, como en todo poder del Estado, el rol ha de ser servir a la gente, a las personas, a doña Juanita o al pueblo, como decían hace 32 años.
No creo que sea un ejercicio de egolatría de tu parte haberlo publicado, sino por el contrario, creo que un ejercicio de compartir con el resto, cosas que sabes por tu pega del día a día junto a tu colega.
Felicitaciones, cabros.
Y va el link al post.
Un abrazo, sacaron vodka los dos.

 
At 10:25 p. m., Blogger c. said...

gracias por tu comentario, los cuentos (o relatos) tienen que ser capaces de defenderse solos, las explicaciones no sirven, si tú sientes que falta algo y el cuento no te lo dice, yo no puedo decir nada, sólo gracias por tu comentario, saludos, c.

 
At 9:38 a. m., Blogger Don David said...

En buena hora, Molina, hombriii!!
(como decía el enano aquel)

No es mi tema pero, por lo visto, es el tuyo. Ganas mi respeto nuevamente.

Amolinadamente,

E.

 

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